Revista Científica Ciencia y Descubrimiento, Periodicidad: Trimestral, Volumen: 3, Número: 4, Año: 2025 (octubre - diciembre)

ISSN (en línea) 3073-1232 - DOI: https://doi.org/10.63816/c2tagq59

Recibido: 09/01/2026

Aceptado: 28/01/2026

Publicado: 06/02/2026

                                                                                                                                                              

 

 

 

 

 

 

 

 

La Evaluación por Competencias: Más Allá de la Memorización

Competency-Based Assessment: Beyond Memorization

 

 

 

 

 

 

 

Autor:

Jones Manzano, Ruth Yocasta

https://orcid.org/0009-0007-5425-2093

ruth_jones@ucne.edu.do

Doctorado en Ciencias de la Educación

Universidad Católica Nordestana (UCNE)

San francisco de Macoris – República Dominicana

 

 

Resumen

La evaluación educativa contemporánea enfrenta el reto de trascender los enfoques tradicionales centrados en la memorización, los cuales resultan insuficientes para responder a las demandas de contextos sociales complejos, cambiantes y orientados al desempeño. En este escenario, la evaluación por competencias emerge como un enfoque integral que articula conocimientos, habilidades y actitudes, promoviendo aprendizajes significativos y aplicables a situaciones reales. El objetivo del presente artículo es analizar la evaluación por competencias como una estrategia que favorece la formación integral y el desarrollo del desempeño contextualizado en los estudiantes. La investigación se desarrolló bajo un enfoque cualitativo, mediante una revisión sistemática de la literatura siguiendo los lineamientos de la declaración PRISMA 2020, garantizando un proceso riguroso, transparente y reproducible. La búsqueda bibliográfica se efectuó en las bases de datos SciELO, ERIC y Google Scholar, considerando estudios recientes y aportes teóricos clásicos de relevancia. Los resultados evidencian que la evaluación por competencias fortalece la autonomía del estudiante, la integración entre el saber y el saber hacer, así como la transferencia del aprendizaje a contextos reales. No obstante, se identifican desafíos relacionados con la formación docente, el diseño de instrumentos evaluativos pertinentes y la tensión entre la evaluación formativa y las exigencias sumativas institucionales. Se concluye que la evaluación por competencias constituye un eje clave para una educación pertinente, inclusiva y orientada a la mejora continua, recomendándose la adopción de un enfoque híbrido que articule prácticas tradicionales con metodologías activas centradas en el aprendizaje integral.

Descriptores:  Evaluación educativa, Educación basada en competencias, Aprendizaje activo, Innovación educativa, Educación integral.

 

Abstract

Contemporary educational assessment faces the challenge of moving beyond traditional approaches centered on memorization, which have proven insufficient to meet the demands of complex, dynamic, and performance-oriented social contexts. In this scenario, competency-based assessment emerges as a comprehensive approach that integrates knowledge, skills, and attitudes, promoting meaningful learning applicable to real-life situations. The aim of this article is to analyze competency-based assessment as a strategy that fosters holistic education and the development of contextualized student performance. The study was conducted using a qualitative approach through a systematic literature review, following the PRISMA 2020 guidelines to ensure a rigorous, transparent, and reproducible research process. The bibliographic search was carried out in the SciELO, ERIC, and Google Scholar databases, considering both recent studies and classical theoretical contributions of high relevance. The results indicate that competency-based assessment strengthens student autonomy, the integration of knowledge with practical application, and the transfer of learning to real-world contexts. However, challenges persist related to teacher training, the design of appropriate assessment instruments, and the tension between formative assessment and institutional summative requirements. It is concluded that competency-based assessment constitutes a key pillar for relevant and inclusive education, and the adoption of a hybrid approach that combines traditional structures with active methodologies oriented toward holistic learning and continuous improvement of educational processes is recommended.

Keywords: Educational assessment, Competency-based education, Active learning, Educational innovation, Holistic education.

 

Introducción

La evaluación educativa ha experimentado una transformación profunda en las últimas décadas. El modelo tradicional, centrado en la medición de conocimientos teóricos mediante exámenes escritos, como señala "Democracia y Educación" de John Dewey donde presenta críticas fundamentales a la educación tradicional, Dewey argumenta que la educación tradicional se basa en un sistema rígido que prioriza la memorización y la repetición sobre el pensamiento crítico y la comprensión profunda. Este enfoque limita la capacidad de los estudiantes para relacionar el conocimiento con su vida cotidiana y su entorno, una crítica vigente en análisis contemporáneos de paradigmas memorísticos (Mariñez Báez, 2024).

Dewey critica esta dinámica porque impide que los estudiantes se conviertan en participantes activos en su propio aprendizaje, lo que es esencial para desarrollar habilidades críticas y creativas, sostiene que la educación tradicional a menudo está desconectada de las experiencias reales de los estudiantes. Esto provoca que el aprendizaje sea percibido como irrelevante y descontextualizado, lo que disminuye la motivación y el interés de los alumnos, alineándose con estudios recientes que documentan baja retención en evaluaciones tradicionales versus activas (EPP, 2024).

Por otro lado, "El Emilio" de Jean-Jacques Rousseau destacan varios principios que critican la educación tradicional, enfatizando el enfoque centrado en el maestro y la rigidez del contenido educativo. La educación tradicional, según Rousseau, se caracteriza por un currículo inflexible que no se adapta a las necesidades o intereses individuales de los estudiantes. Este enfoque promueve un aprendizaje memorístico y pasivo, donde los alumnos son receptores de información sin un contexto práctico o significativo que les permita relacionar lo aprendido con su vida diaria.

Propone que la educación debe ser un proceso más orgánico y menos estructurado, permitiendo que los estudiantes aprendan a través de la experiencia y la observación en lugar de ser forzados a seguir un plan rígido donde se minimiza la interacción social entre los estudiantes.  Abogando por un ambiente educativo donde se fomente la colaboración y el aprendizaje mutuo, en contraposición a la competencia individualista que a menudo caracteriza a la pedagogía tradicional.

En resumen, ambos autores critican la educación tradicional por su enfoque rígido y autoritario, destacando cómo esto afecta negativamente el desarrollo del estudiante. Mientras Dewey enfatiza la importancia de un aprendizaje activo y colaborativo, Rousseau aboga por una educación más flexible y centrada en las necesidades individuales del alumno. Ambos indican en que una transformación educativa es necesaria para preparar a los estudiantes para participar plenamente en una sociedad democrática coincidiendo en la transformación para sociedad democrática (Dewey, 1916; Rousseau, 1762; Sciety Authors, 2025). Estas ideas se validan en educación superior centroamericana (Jarquín et al., 2025)

Todo lo mencionado ha dado paso a enfoques integrales que valoran no solo el saber, sino el saber hacer. Este cambio de paradigma se materializa en la evaluación por competencias, respondiendo a sociedades complejas, respaldado por reformas curriculares en América Latina (Mariñez Báez, 2024; Jarquín et al., 2025)

El cambio de paradigma: del saber al saber hacer

El siglo XXI se presenta como un torbellino de cambios, donde la sociedad se ve envuelta en una constante transformación. Zygmunt Bauman ha denominado a este fenómeno como "modernidad líquida", caracterizada por la fluidez, la incertidumbre y el cambio (Bauman, 2000). En este contexto, la educación se enfrenta al desafío de adaptarse a las demandas de un mundo en permanente evolución, sin perder de vista su función primordial en el desarrollo individual y social, como confirman análisis recientes sobre retos educativos en entornos volátiles (Sciety Authors,2025).

 La evaluación por competencias se ha convertido en un enfoque educativo crucial en el contexto actual, donde las demandas sociales y económicas exigen una formación integral que prepare a los estudiantes para enfrentar los retos de la vida profesional y personal. Este enfoque se fundamenta en la necesidad de ir más allá de la mera transmisión de conocimientos teóricos, promoviendo habilidades prácticas y actitudes que son esenciales en un mundo caracterizado por la rápida evolución tecnológica y social.

Durante décadas, los sistemas educativos privilegiaron la acumulación de información como indicador principal del aprendizaje. Los estudiantes memorizaban fechas, fórmulas y definiciones que luego reproducían en exámenes estandarizados. Sin embargo, esta aproximación mostraba limitaciones evidentes: estudiantes capaces de recitar teorías complejas se encontraban paralizados ante problemas reales que requerían aplicar ese conocimiento de manera creativa y contextualizada.

"Una mirada a la Escuela Nueva" de Eleazar Narváez ofrece un análisis profundo sobre el movimiento educativo conocido como Escuela Nueva, que surgió a finales del siglo XIX como una respuesta a la educación tradicional.

La Escuela Nueva se define como un movimiento renovador que busca reformar la educación tradicional, caracterizada por su formalismo y la memorización. Este enfoque valora la autoformación y la actividad espontánea del niño, centrándose en sus intereses y necesidades. Se asocia con conceptos como escuela activa, moderna y del trabajo, que enfatizan la importancia de la participación del estudiante y el aprendizaje práctico.

Este movimiento se inspira en pensadores como Rousseau, Pestalozzi y Froebel, quienes promovieron una educación más centrada en el niño y su desarrollo natural; Rousseau es considerado precursor fundamental, destacando el valor intrínseco de la infancia (Narváez, s.f.). La Escuela Nueva promueve métodos que favorecen la experiencia directa y el aprendizaje a través de la acción, rechazando el enfoque autoritario para crear ambientes de exploración autónoma (Emmi, 2025).

A lo largo de su desarrollo, el movimiento ha encontrado diversas formas de institucionalización, con escuelas que implementan estos principios en diferentes contextos sociales y culturales. Aunque surgió hace más de un siglo, los principios de la Escuela Nueva siguen siendo relevantes hoy en día. Se enfatiza la necesidad de adaptar los métodos educativos a las realidades cambiantes de la sociedad y a las necesidades individuales de los estudiantes.

Este movimiento sigue influyendo en las teorías pedagógicas actuales, promoviendo una educación que valore la creatividad, la autonomía y el aprendizaje significativo.

La evaluación por competencias surge como respuesta a esta desconexión entre el aula y la vida. Una competencia no es simplemente un conjunto de conocimientos, sino la capacidad de movilizar recursos cognitivos, procedimentales y actitudinales para resolver situaciones complejas. Implica saber, saber hacer y saber ser, todo integrado en la acción.

Los pilares de una evaluación auténtica

En la educación contemporánea, especialmente en el nivel preuniversitario, la evaluación por competencias se ha consolidado como un pilar transformador de la práctica pedagógica.  Evaluar competencias requiere transformar radicalmente nuestras prácticas evaluativas. Bajo este nuevo paradigma, resulta imperativo sustituir las preguntas cerradas de respuestas únicas por el planteamiento de situaciones abiertas que admitan múltiples soluciones y rutas de resolución. De igual manera, se hace necesario transitar desde los exámenes puntuales que apenas capturan una fotografía estática del aprendizaje hacia procesos de evaluación continua. Este enfoque permite documentar el desarrollo progresivo de las capacidades del estudiante, transformando la evaluación en una herramienta de acompañamiento y no solo de fiscalización.

Esta transición se alinea con la tendencia global de implementar currículos orientados al desempeño. Al respecto, Benítez García (2024) sostiene que dicho modelo debe fundamentarse en la formación integral del individuo, promoviendo competencias adaptadas a las exigencias de un mundo en constante cambio y priorizando el desarrollo humano sobre el rigor puramente academicista. Dentro de este marco, la autenticidad emerge como el criterio de validez fundamental: las tareas evaluativas deben funcionar como un espejo de los desafíos complejos que el sujeto enfrentará en su vida profesional y cotidiana.

    Por consiguiente, la evaluación auténtica demanda que el conocimiento sea, ante todo, funcional. Bajo esta premisa, el éxito educativo en el nivel preuniversitario no debería medirse por la capacidad de memorizar conceptos abstractos, sino por la pericia para aplicarlos en contextos reales. Por ejemplo, en el área de las ciencias, no basta con que el estudiante transcriba las leyes de la termodinámica; la competencia real se manifiesta cuando es capaz de proponer soluciones para optimizar el consumo energético en su comunidad. Del mismo modo, en el ámbito de la Lengua Española, el principal indicador de logro no reside en recitar reglas gramaticales de forma aislada, sino en la facultad de producir textos persuasivos y coherentes, como una carta de motivación para un ingreso universitario o un ensayo argumentativo sobre problemas sociales contemporáneos. En definitiva, se trata de transitar desde un saber enciclopédico hacia un "saber hacer" que otorgue sentido y utilidad al aprendizaje frente a los desafíos de la vida cotidiana.                          

                                    Desafíos en la implementación

La transición hacia la evaluación por competencias no está exenta de dificultades. Para los docentes, representa un cambio profundo en su rol: de jueces que califican respuestas correctas o incorrectas, deben convertirse en facilitadores que acompañan procesos de aprendizaje complejos y multidimensionales. Esto exige tiempo, formación y, sobre todo, un cambio de mentalidad.

El diseño de instrumentos de evaluación apropiados constituye otro desafío significativo. Las rúbricas, los portafolios, las evaluaciones de desempeño y los proyectos integrados requieren mayor inversión de tiempo tanto en su elaboración como en su corrección. Además, la subjetividad inherente a la evaluación cualitativa demanda mecanismos robustos para garantizar la validez y confiabilidad de las valoraciones.

Existe también una tensión inherente entre la evaluación formativa, orientada al aprendizaje, y las demandas institucionales de calificación sumativa. Los sistemas educativos continúan requiriendo notas numéricas y rankings que, con frecuencia, simplifican procesos complejos de desarrollo de competencias en cifras que poco comunican sobre las verdaderas capacidades del estudiante.

 Hacia una cultura de la evaluación para el aprendizaje

A pesar de estos desafíos, la evaluación por competencias abre posibilidades transformadoras. Cuando se implementa genuinamente, permite a los estudiantes comprender sus fortalezas, identificar áreas de mejora y desarrollar capacidades metacognitivas esenciales para el aprendizaje autónomo. La retroalimentación constante y específica reemplaza al veredicto, convirtiendo cada evaluación en una oportunidad de crecimiento.

Este enfoque también democratiza el reconocimiento del talento. Al valorar múltiples formas de demostrar competencia, se abren espacios para que estudiantes con diferentes estilos de aprendizaje, ritmos y potencialidades puedan brillar. La estudiante que lucha con exámenes escritos, pero sobresale en presentaciones orales, o el estudiante con dificultades de expresión verbal pero extraordinaria capacidad de resolución práctica, encuentran en este modelo oportunidades para demostrar su verdadero potencial.

Metodología

La investigación se desarrolló bajo un enfoque cualitativo mediante una revisión sistemática de la literatura, orientada a analizar la evaluación por competencias como alternativa al modelo evaluativo centrado en la memorización. El diseño metodológico se estructuró conforme a la declaración PRISMA 2020, la cual promueve la transparencia y la trazabilidad en las revisiones sistemáticas; en este sentido, PRISMA busca “mejorar la claridad, la exhaustividad y la reproducibilidad de las revisiones sistemáticas” (Page et al., 2021, p. 2).

El protocolo de revisión fue definido previamente e incluyó los criterios de elegibilidad, la estrategia de búsqueda, los procedimientos de selección, la evaluación de la calidad metodológica y el tipo de síntesis. La búsqueda bibliográfica se realizó entre 2020 y 2025 en las bases de datos SciELO, ERIC y Google Scholar, seleccionadas por su relevancia en el ámbito educativo. Para la recuperación de la información se emplearon descriptores validados en el Tesauro de la UNESCO, tanto en español como en inglés, combinados mediante operadores booleanos. Los descriptores utilizados fueron: evaluación educativa, educación basada en competencias, aprendizaje activo, innovación educativa y educación integral, lo que garantizó coherencia terminológica y pertinencia conceptual en el proceso de búsqueda.

Se identificaron 41 fuentes primarias, de las cuales se removieron 8 registros duplicados. El proceso de cribado inicial abarcó 33 títulos y resúmenes, resultando en la exclusión de 15 documentos por falta de alineación temática o rigor metodológico. De los 18 artículos evaluados en su versión íntegra, 5 fueron desestimados por debilidades en el diseño o ausencia de sustento teórico. En última instancia, 13 estudios cumplieron rigurosamente con los criterios de inclusión, conformando la muestra final para la síntesis cualitativa bajo parámetros de trazabilidad metodológica.

La población estuvo constituida por la producción científica sobre evaluación por competencias en el ámbito educativo, y la muestra correspondió a los estudios aceptados tras el proceso PRISMA. La calidad metodológica se evaluó considerando la claridad de los objetivos, la coherencia entre enfoque, diseño y resultados y la solidez del marco teórico, dado que “la validez de una revisión sistemática depende directamente de la calidad de los estudios incluidos” (Page et al., 2021, p. 4). La síntesis fue descriptivo-narrativa, adecuada ante la heterogeneidad metodológica de los estudios revisados.

Resultado

El análisis cualitativo de los 13 estudios seleccionados permite identificar tendencias convergentes en torno a la transición desde modelos evaluativos centrados en la memorización hacia enfoques basados en competencias. De manera consistente, los estudios revisados coinciden en que la evaluación por competencias concibe el aprendizaje como una construcción integrada de conocimientos, habilidades y actitudes, superando la fragmentación del saber. En este sentido, los resultados evidencian que la competencia no se limita a la adquisición de contenidos conceptuales, sino que implica la capacidad de movilizar dichos conocimientos en contextos diversos, favoreciendo la autonomía del estudiante y su desempeño significativo en situaciones reales de aprendizaje.

Asimismo, los hallazgos resaltan que la evaluación por competencias se sustenta en una concepción sociocultural del aprendizaje, en la que la interacción, el lenguaje y el contexto desempeñan un papel mediador fundamental. Diversos estudios analizados destacan que el desarrollo de competencias se potencia cuando la evaluación considera procesos colaborativos, el intercambio de significados y la contextualización de las tareas evaluativas. Esta orientación resulta especialmente pertinente en escenarios educativos caracterizados por la incertidumbre y el cambio constante, donde los enfoques tradicionales basados exclusivamente en la repetición y la memorización muestran limitaciones para responder a las demandas formativas actuales.

Por otra parte, la revisión evidencia una asociación recurrente entre la evaluación por competencias y la implementación de metodologías activas, tales como el aprendizaje basado en proyectos, el estudio de casos y el trabajo colaborativo. Los estudios coinciden en señalar que estas estrategias favorecen una mayor motivación, implicación y profundidad en el aprendizaje, al permitir evaluar no solo los productos finales, sino también los procesos de construcción del conocimiento. En este marco, la evaluación se configura como un instrumento formativo que integra el saber y el hacer, promoviendo aprendizajes significativos y transferibles a contextos auténticos.

Por ello, los resultados ponen de manifiesto que la evaluación por competencias contribuye a atender la diversidad de estilos y ritmos de aprendizaje, al ofrecer múltiples formas de evidenciar el logro de los aprendizajes. Los estudios revisados señalan mejoras en el rendimiento académico en áreas clave como la comunicación y las ciencias, así como una mayor equidad en los procesos evaluativos. En conjunto, estos hallazgos indican que la evaluación por competencias favorece un enfoque más inclusivo y democrático, al reconocer distintas trayectorias de aprendizaje y valorar el potencial de cada estudiante desde una perspectiva integral.

Discusión

Los resultados de este análisis coinciden con la propuesta renovadora de la Escuela Nueva, la cual busca reformar la educación tradicional caracterizada por el formalismo y la memorización pasiva. Al valorar la autoformación y la actividad espontánea del estudiante, este enfoque se alinea con la necesidad de una educación que responda a los intereses y necesidades individuales. No obstante, la implementación de la evaluación por competencias en la actualidad enfrenta una tensión inherente entre la evaluación formativa, orientada al crecimiento del alumno, y las demandas institucionales de calificación sumativa y rankings numéricos que simplifican procesos complejos en cifras vacías.

A diferencia de las posturas radicales que rechazan en su totalidad el modelo tradicional, esta reflexión sostiene que la metodología directa aún posee funcionalidad en contextos específicos. En materias que requieren una base sólida de conocimientos previos, como las matemáticas o las ciencias, una estructura clara puede facilitar la comprensión inicial antes de transitar hacia actividades interactivas. Esta coexistencia de enfoques sugiere que la rigidez criticada por autores como Dewey y Rousseau no debe ser sustituida por un caos metodológico, sino por un equilibrio que permita al estudiante beneficiarse tanto de la claridad estructural como del dinamismo de la escuela activa.

Bajo la óptica de la "modernidad líquida" de Bauman, la educación debe preparar para la fluidez y el cambio constante. Por tanto, se propone un enfoque híbrido que integre la claridad de la pedagogía tradicional con la creatividad de las metodologías activas para atender las diversas necesidades del aula contemporánea. Este modelo integrador permite que el "saber" académico sirva de plataforma para el "saber hacer" práctico, transformando la evaluación en una herramienta auténtica que refleja los desafíos reales del mundo profesional y social. En última instancia, la discusión sugiere que el éxito educativo no radica en la eliminación de la estructura, sino en su flexibilización para fomentar una autonomía que sea, al mismo tiempo, informada y crítica.

Conclusiones

La transición hacia una evaluación por competencias no representa únicamente un cambio de herramientas métricas, sino una evolución profunda en la concepción del aprendizaje humano en la era de la información. En este sentido, el análisis realizado permite concluir que nos encontramos ante la necesidad de un paradigma dinámico. En el contexto de la "modernidad líquida" definida por Zygmunt Bauman, la educación debe abandonar la rigidez de la memorización para centrarse en la adaptabilidad y el pensamiento crítico. De este modo, la evaluación por competencias permite que el estudiante no solo acumule datos, sino que desarrolle la resiliencia necesaria para actuar con ética en escenarios de constante cambio.

 

Aunado a lo anterior, la efectividad de este modelo reside en su sustento en el desarrollo cognitivo y social, demostrando una alineación con los procesos naturales de aprendizaje. Al integrar conceptos como la función simbólica de Jean Piaget y el enfoque sociocultural de Lev Vygotsky, la evaluación se transforma en un proceso de mediación. Bajo esta perspectiva, el "saber hacer" se construye a través de la interacción directa con el entorno y la resolución de problemas auténticos que reflejan la realidad profesional.

 

No obstante, es fundamental reconocer el valor del enfoque híbrido como eje articulador de la práctica docente. Si bien el movimiento de la Escuela Nueva aporta el dinamismo y la autonomía necesarios, no se debe descartar totalmente la estructura de la pedagogía tradicional en situaciones que requieran una base sólida de conocimientos previos. Por consiguiente, se concluye que un enfoque mixto es la solución más efectiva para el aula contemporánea, donde la enseñanza directa proporciona la claridad conceptual indispensable antes de transitar hacia actividades más interactivas y creativas.

Paralelamente, este modelo promueve la equidad y democratización del talento al actuar como un mecanismo de justicia educativa. Al valorar diversos estilos de aprendizaje, se permite que estudiantes con distintas capacidades ya sean prácticas, orales o analíticas encuentren un espacio legítimo para demostrar su verdadero potencial, superando las limitaciones impuestas por los exámenes estandarizados de respuestas únicas.

Finalmente, el éxito de esta transición depende de una transformación cultural del sistema que priorice el aprendizaje genuino sobre la simple calificación numérica. Este cambio de mentalidad exige que las instituciones y los docentes asuman un compromiso con la formación continua y el diseño de instrumentos complejos, como rúbricas y portafolios. Solo mediante este compromiso será posible documentar el crecimiento integral del ser humano y preparar a los estudiantes para participar plenamente en una sociedad democrática y compleja.

 

REFERENCIAS

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