Revista Científica Ciencia y Descubrimiento, Periodicidad: Trimestral, Volumen: 4, Número: 4, Año: 2026 (octubre – diciembre)

ISSN 3073-1232 - https://doi.org/10.63816/dg6e2z84 - https://cienciaydescubrimiento.com

Recibido: 05/04/2026

Aceptado: 03/07/2026

Publicado: 26/10/2026

Constructo teórico-operativo para la promoción de manifestaciones y tradiciones culturales: un enfoque desde la complejidad y el interaccionismo simbólico

Theoretical-operative construct for the promotion of cultural manifestations and traditions: an approach from complexity and symbolic interactionism

Autores:

Urbina Guanipa, María Guadalupe

https://orcid.org/0009-0000-1580-4405

murbina2056@gmail.com

Punto Fijo - Venezuela

Jatem Laguado, María Fernanda

https://orcid.org/0000-0002-8510-7864

jatemupel@gmail.com

Punto Fijo - Venezuela

Resumen

La investigación tuvo como objetivo desarrollar un constructo teórico-operativo para la promoción de manifestaciones y tradiciones culturales en las comunidades, mediante la integración de fundamentos ontológicos, epistemológicos, sociológicos, filosóficos, teóricos y axiológicos que permitan comprender la complejidad de los procesos socioculturales. Metodológicamente, se sustentó en un enfoque cualitativo, bajo el paradigma interpretativo-hermenéutico, con diseño documental y alcance analítico-propositivo, utilizando el análisis de fuentes científicas, teóricas y normativas mediante una matriz epistémica. Los resultados del análisis documental permitieron identificar la participación comunitaria, la construcción colectiva de significados, la transmisión intergeneracional y la adaptación cultural como componentes fundamentales para la continuidad de las manifestaciones tradicionales. Asimismo, se estableció la pertinencia de articular el paradigma de la complejidad, el interaccionismo simbólico y los fundamentos de la etnografía para orientar estrategias contextualizadas de diagnóstico, formación, documentación y difusión cultural. Se concluyó que la integración de estas perspectivas proporciona fundamentos para estructurar un constructo teórico-operativo orientado al fortalecimiento de la identidad, la memoria colectiva y la salvaguardia del patrimonio cultural, cuya aplicabilidad y efectividad deberán evaluarse posteriormente mediante investigaciones desarrolladas en escenarios comunitarios.

Palabras clave: patrimonio cultural inmaterial, manifestaciones culturales, tradiciones culturales, paradigma de la complejidad, interaccionismo simbólico, identidad cultural.

Abstract

The objective of this research was to develop a theoretical-operational construct for promoting cultural manifestations and traditions within communities by integrating ontological, epistemological, sociological, philosophical, theoretical, and axiological foundations to understand the complexity of sociocultural processes. Methodologically, the study adopted a qualitative approach within the interpretive-hermeneutic paradigm, employing a documentary research design with an analytical-propositional scope. Scientific, theoretical, and regulatory sources were examined through an epistemic matrix. The findings of the documentary analysis identified community participation, the collective construction of meanings, intergenerational transmission, and cultural adaptation as fundamental components for the continuity of traditional cultural expressions. Furthermore, the study established the relevance of integrating the complexity paradigm, symbolic interactionism, and ethnographic foundations to guide context-sensitive strategies for cultural assessment, education, documentation, and dissemination. It was concluded that integrating these perspectives provides a foundation for structuring a theoretical-operational construct aimed at strengthening cultural identity, collective memory, and the safeguarding of cultural heritage, whose applicability and effectiveness should subsequently be evaluated through research conducted in community settings.

Keywords: intangible cultural heritage, cultural manifestations, cultural traditions, complexity paradigm, symbolic interactionism, cultural identity.

Introducción

La promoción de manifestaciones y tradiciones culturales en comunidades contemporáneas enfrenta el desafío de abordar problemas emergentes, dinámicos y críticos que caracterizan el devenir sociocultural actual; las comunidades no son entidades estáticas; por el contrario, se encuentran en permanente evolución, impactadas por procesos de globalización, transformaciones económicas y dinámicas migratorias que inciden directamente en sus expresiones culturales; en este contexto, las políticas y estrategias de promoción cultural requieren fundamentos teórico-metodológicos sólidos que permitan comprender la complejidad del fenómeno cultural y viabilizar acciones coherentes con la realidad comunitaria.

El problema que se aborda en esta investigación radica en la falta de estímulos a los cultores, pues aunque están contemplados en la normativa legal, las estrategias operativas implementadas para la promoción cultural no han demostrado ser suficientemente efectivas, destacando la ausencia de programas orientados a la formación en conservación y divulgación del patrimonio cultural. Con frecuencia, las intervenciones culturales se impulsan desde miradas individuales o de pequeños grupos que no toman en cuenta el carácter complejo, cambiante y cargado de significado de las tradiciones y como consecuencia, se generan acciones descontextualizadas que difícilmente contribuyen a fortalecer la identidad y la memoria colectiva.

El propósito de este trabajo es articular las dimensiones ontológica, epistemológica, sociológica, filosófica, teórica y axiológica, de manera que la promoción de las manifestaciones y tradiciones culturales resulte más pertinente y efectiva; este constructo se concibe como una trama conceptual que, partiendo de fundamentos paradigmáticos sólidos, permita derivar orientaciones operativas para la acción cultural en los espacios locales.  La premisa que orienta el trabajo sostiene que la integración del paradigma de la complejidad (Morín, 1998), el interaccionismo simbólico (Blumer, 1982) y el enfoque etnográfico (Goetz y LeCompte, 1988), junto con categorías teóricas como folklore, patrimonio e identidad, y un marco axiológico conformado por instrumentos legales nacionales e internacionales, constituye una base sólida para fundamentar estrategias de promoción cultural respetuosas de la dinámica comunitaria.

Dimensión ontológica: El paradigma de la complejidad

La aproximación ontológica al fenómeno cultural exige reconocer la naturaleza multidimensional, dinámica e interdependiente de las manifestaciones y tradiciones comunitarias, perspectiva sustentada en el pensamiento complejo de Morin (1998, 1999), quien plantea que los fenómenos humanos no pueden comprenderse mediante interpretaciones fragmentadas o relaciones exclusivamente lineales, debido a que se configuran a partir de procesos de interacción, retroacción y recursividad entre los individuos y su realidad sociocultural, planteamiento que conserva su pertinencia en los estudios contemporáneos sobre patrimonio cultural inmaterial, al reconocer que las tradiciones se transforman continuamente mediante las experiencias colectivas y las condiciones históricas de cada comunidad.

Desde esta perspectiva, Morin (1999) permite comprender la relación recursiva entre el ser humano, el entorno y el conocimiento, considerando que las personas construyen sociedades y producen cultura mediante sus interacciones, mientras que las estructuras sociales, las experiencias culturales y los conocimientos compartidos influyen simultáneamente en su formación y transformación, por lo que esta tríada constituye una representación conceptual pertinente para interpretar la continuidad y recreación de las manifestaciones tradicionales, sin reducirlas a expresiones estáticas o desvinculadas de los cambios que experimentan las comunidades.

La vigencia de este planteamiento encuentra respaldo en Wang et al. (2025), quienes identificaron que la distribución del patrimonio cultural inmaterial responde a relaciones complejas entre factores geográficos y socioculturales, así como en Thanapornsangsuth et al. (2025), quienes destacaron la importancia de las interacciones comunitarias y la transmisión de conocimientos para la continuidad cultural, aportes que permiten actualizar el pensamiento de Morin sin desplazar su relevancia como fundamento ontológico de la investigación, de manera que la Figura 1 representa conceptualmente el bucle recursivo ser humano–entorno–conocimiento, mediante el cual se expresan las relaciones de influencia mutua que intervienen en la construcción, reproducción y transformación de la cultura. La figura 1 representa un bucle moriniano donde se reproduce la tríada hombre – entorno – conocimiento:

Figura 1. Bucle moriniano

Fuente: Morín (1999), Tarride y Zuñiga (2010), Jatem et al (2020), elaboración propia.

Morin (2001) sostiene que los fenómenos sociales deben comprenderse mediante la articulación de sus componentes individuales y colectivos, reconociendo las relaciones dialógicas, recursivas y retroactivas que intervienen en la configuración de la realidad sociocultural, perspectiva que permite interpretar las manifestaciones tradicionales como expresiones dinámicas construidas mediante la interacción entre memoria colectiva, prácticas contemporáneas y transformaciones históricas, planteamiento que encuentra correspondencia con Tarride y Zúñiga (2010), quienes abordan los bucles morinianos como relaciones de interdependencia, mientras que Játem et al. (2020) destacan la importancia de comprender la complejidad desde las particularidades contextuales, fundamentos que se complementan con Wang et al. (2025), al evidenciar la influencia de factores territoriales y socioculturales en la distribución del patrimonio cultural inmaterial.

Desde esta perspectiva, el análisis documental permite reconocer que la conservación y la transformación cultural no constituyen procesos necesariamente contradictorios, sino dimensiones complementarias que favorecen la continuidad de las manifestaciones tradicionales mediante su adaptación a las condiciones contemporáneas, interpretación que conserva los fundamentos del pensamiento complejo de Morin (2001) y encuentra respaldo en Thanapornsangsuth et al. (2025), quienes destacan la participación comunitaria y la transmisión intergeneracional como elementos relevantes para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial, por lo que la ontología compleja proporciona fundamentos para comprender que las comunidades no solamente preservan expresiones heredadas, sino que también las reinterpretan y recrean mediante experiencias colectivas que fortalecen la identidad, el sentido de pertenencia y la memoria cultural.

Dimensión sociológica y filosófica: Enfoque interpretativo y etnografía

La dimensión epistemológica del constructo se fundamenta en el paradigma interpretativo, el cual sostiene que el conocimiento de la realidad social requiere comprender los significados que los actores atribuyen a sus acciones y contextos; en tal sentido, Miranda y Ortiz (2020) señalan que este paradigma resulta especialmente pertinente para el estudio de fenómenos culturales, dado que estos se constituyen precisamente a partir de procesos de significación compartida.

El enfoque etnográfico surge como la forma más coherente de abordar esta postura epistemológica. Goetz y LeCompte (1988), desde una mirada existencialista proponen la etnografía como un método que invita al investigador a sumergirse en la vida de la comunidad para comprender, desde adentro, las lógicas culturales que guían sus prácticas y expresiones; no se trata solo de describir lo que se observa, sino de interpretar los significados que hay detrás.

Esta perspectiva existencialista hace énfasis en la experiencia vivida, la subjetividad y la libertad creativa de las personas; en el contexto de la promoción cultural, esto significa reconocer que las comunidades no son receptoras pasivas de políticas culturales, sino sujetos activos que interpretan, dan sentido y transforman sus tradiciones de acuerdo con sus propios proyectos de vida colectivos.

Dimensión sociológica: El interaccionismo simbólico como eje articulador

Herbert Blumer (1938), fundador del interaccionismo simbólico, propone que la sociedad se construye a través de la interacción entre individuos que comparten significados simbólicos. Desde esta perspectiva, las manifestaciones culturales no son simples reflejos de estructuras sociales preexistentes, sino que emergen y se transforman en el proceso mismo de interacción social.

Cuando aplicamos el interaccionismo simbólico al estudio de las tradiciones culturales, empezamos a entender que las cosas que una comunidad valora —como sus objetos, sus fiestas o sus costumbres— no tienen significado por sí mismas. Un viejo edificio, una vasija antigua o una danza heredada no valen porque sí; poseen valor porque la comunidad, en su día a día, en sus conversaciones y encuentros, les ha ido dando un sentido especial; ese significado se construye entre todos, se negocia, se pelea a veces, y se reafirma con el tiempo; así es como nacen y se mantienen vivos los símbolos que nos hacen sentir que pertenecemos a un lugar.

Si pensamos en promover la cultura desde esta perspectiva, entonces no podemos imponer recetas desde afuera. Las estrategias de intervención tienen que partir de algo muy sencillo pero profundo: escuchar, observar y comprender cómo es que esa comunidad, con sus idas y venidas, construye y reconstruye sus propias tradiciones, porque más que proteger cosas, se trata de acompañar procesos vivos, donde la gente sigue dándole sentido a lo que hace, a lo que recuerda y a lo que quiere seguir siendo; no se trata de imponer significados desde afuera, sino de acompañar procesos endógenos de valoración y revitalización cultural.

Teorías de entrada: Historicidad, folklore, patrimonio e identidad

El constructo teórico-operativo se nutre de un conjunto de categorías conceptuales que funcionan como "teorías de entrada" para el abordaje de las manifestaciones culturales. La historicidad constituye la dimensión temporal que permite comprender las tradiciones como procesos diacrónicos. Ninguna manifestación cultural surge espontáneamente; todas son resultado de trayectorias históricas que han sedimentado significados, prácticas y saberes.

El folklore, entendido desde la perspectiva de Aretz (1980), remite a las expresiones populares tradicionales que han sido transmitidas generacionalmente; esta categoría resulta fundamental para identificar aquellas manifestaciones que, por su arraigo y continuidad, constituyen núcleos de identidad en la comunidad.

El patrimonio, en sus vertientes tangible e intangible, ha sido objeto de desarrollos teóricos recientes, Spennemann (2023) aborda los desafíos de la patrimonialización en contextos de cambio global, mientras que Wasela (2023) y Worku (2023) aportan perspectivas desde contextos no occidentales que enriquecen la comprensión del fenómeno patrimonial: un hallazgo relevante es la necesidad de superar concepciones estáticas del patrimonio para comprenderlo como un proceso social de valoración y herencia.

La identidad, siguiendo a Molano (2007), constituye el núcleo subjetivo de la cultura, las manifestaciones y tradiciones no son valiosas en sí mismas, sino en cuanto contribuyen a la construcción y reafirmación del sentido de pertenencia de los sujetos a una comunidad; Morín (1998, 2001) complementa esta perspectiva al señalar que la identidad no es una esencia inmutable, sino un proceso dinámico de identificación que opera mediante bucles retroactivos.

Dimensión axiológica: El marco legal como contexto operativo

La operatividad del constructo requiere considerar el marco axiológico y legal que contextualiza la promoción cultural. En el caso venezolano, este marco está conformado por:

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999), que reconoce los derechos culturales y establece la obligación del Estado de proteger y promover el patrimonio cultural.

El Plan de la Patria (2019-2025), que incorpora objetivos estratégicos relacionados con la descolonización cultural y el fortalecimiento de la identidad nacional.

La Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural (1993) y la Ley de Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial (2021), que proporcionan instrumentos jurídicos específicos para la protección y promoción de las manifestaciones culturales.

La Ley Orgánica del Trabajo (2014), que puede tener implicaciones para el reconocimiento de los cultores populares como trabajadores de la cultura.

A nivel internacional, los lineamientos de la Organización Mundial del Turismo (OMT) y las convenciones de la UNESCO sobre patrimonio cultural constituyen referentes que orientan las políticas culturales en el ámbito global.

La consideración de este marco axiológico no es un aspecto meramente formal, sino que condiciona las posibilidades reales de implementación de estrategias de promoción cultural. Un constructo teórico-operativo que aspire a ser viable debe necesariamente dialogar con este entramado legal.

Integración: El constructo teórico operativo

La integración de las dimensiones analizadas permitirá configurar un constructo teórico-operativo para la promoción de manifestaciones y tradiciones culturales que puede representarse mediante los siguientes niveles articulados:

Nivel paradigmático (ontológico-epistemológico): El paradigma de la complejidad (Morín, 1998) proporciona la base ontológica para comprender la naturaleza dinámica y multidimensional de la cultura. El paradigma interpretativo (Miranda y Ortiz, 2020) y el enfoque etnográfico (Goetz y LeCompte, 1988) orientan la aproximación epistemológica y metodológica.

Nivel teórico-conceptual: El interaccionismo simbólico (Blumer, 1938) actúa como eje articulador que conecta los procesos sociales de interacción con la producción y reproducción de significados culturales. Las teorías de entrada (historicidad, folklore, patrimonio, identidad) proporcionan categorías analíticas específicas para el abordaje de las manifestaciones culturales.

Nivel operativo-metodológico: Este nivel integra las orientaciones derivadas de los niveles anteriores para configurar estrategias de promoción cultural que: partan de diagnósticos etnográficos que permitan comprender la dinámica cultural comunitaria desde adentro;  reconozcan el carácter activo y creativo de los sujetos culturales; consideren tanto las tradiciones heredadas como los procesos emergentes de creación cultural; se articulen con el marco legal vigente; y promuevan procesos participativos de valoración y fortalecimiento de la identidad. La ruta metodológica se estructura en cinco fases secuenciales e interrelacionadas, basadas en los postulados de Goetz y LeCompte (1988) adaptados a un contexto comunitario.

Fase 1. Preabordaje. Esta fase inicial tiene como propósito delimitar el estudio y preparar las condiciones para el trabajo de campo. Comprende la selección del entorno, la formulación de preguntas de investigación derivadas de la matriz epistémica, y la selección preliminar de informantes clave que puedan ofrecer una visión profunda de las manifestaciones culturales locales.

Fase 2. Entrada al escenario. En esta fase, el investigador se inserta en el contexto comunitario y establece relaciones armónicas y de confianza con los miembros de la comunidad, basadas en una interacción abierta, respetuosa y culturalmente sensible.

Fase 3. Inmersión en el trabajo de campo. Una vez establecida la confianza, se procede a la recolección sistemática de información. Las técnicas principales son:

Observación participante: El investigador participa en la vida cotidiana de la comunidad, en sus celebraciones y actividades, registrando las dinámicas culturales.

Entrevistas etnográficas: Se aplican entrevistas a profundidad de respuestas abiertas basadas en las categorías derivadas de la teoría (tradición oral, expresión popular, celebraciones tradicionales, patrimonio tangible) para explorar las percepciones y significados que los habitantes atribuyen a sus manifestaciones culturales.

Análisis de interacciones: Se observan y registran las interacciones sociales cotidianas donde se producen y reproducen los significados culturales.

Fase 4. Interpretación del escenario. En esta fase se analiza la información recolectada mediante un ejercicio reflexivo orientado a identificar patrones, significados compartidos y relaciones entre categorías culturales. El propósito es comprender la complejidad del fenómeno, vinculando los hallazgos empíricos con el marco teórico (complejidad, interaccionismo simbólico, patrimonio e identidad). Para ello, se utilizará el software Atlas.ti en la generación de sociogramas que faciliten la interpretación de los resultados. Asimismo, el mapping permitirá elaborar Diagramas de Red que evidencien conexiones entre los participantes y las expresiones culturales. Finalmente, se aplicará la triangulación teórica desde las perspectivas de Goetz y LeCompte, Morín y Blumer, cuyos cruces se representarán en Diagramas de Venn.

Fase 5. Generación etnográfica. La fase final consiste en la elaboración del producto etnográfico. Se busca contextualizar el fenómeno estudiado, presentando las perspectivas de los participantes y los significados culturales identificados. Este documento constituirá la base para derivar las orientaciones operativas del constructo, es decir, las estrategias concretas para la promoción cultural en las comunidades. La figura 2 presenta la ruta metodológica del estudio:

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Figura 2. Ruta metodológica

Fuente: Goetz y LeCompte (1988). Elaboración propia.

Nivel axiológico-normativo

El marco legal nacional e internacional proporciona el contexto institucional que viabiliza y legitima las acciones de promoción cultural, así como los criterios éticos que deben orientarlas, este constructo no debe entenderse como un modelo rígido, sino como una trama flexible que permite orientar la acción cultural en contextos diversos, adaptándose a las especificidades de cada comunidad y situación. La figura 3 presenta la matriz epistémica que orienta la investigación.

Figura 3. Matriz epistémica.

Fuente: Elaboración propia.

La promoción de manifestaciones y tradiciones culturales requiere fundamentos teórico-metodológicos sólidos que permitan comprender la naturaleza compleja, dinámica y simbólica de los fenómenos culturales: el paradigma de la complejidad de Morín (1998), ofrece una base ontológica adecuada para abordar esta complejidad en las comunidades sin reducirla, por otra parte, el interaccionismo simbólico de Blumer (1938), constituye un eje articulador fundamental para comprender cómo los significados culturales se construyen y reconstruyen en la interacción social; esta perspectiva permite superar visiones fundamentales de la cultura (que están enfocadas en la esencia, el ser y la identidad) y enfocarse en los procesos mediante los cuales las comunidades producen y reproducen sus tradiciones.

Esperamos comprobar que la tradición oral en las comunidades cumple una función fundamental como archivo de la memoria comunitaria, especialmente en lo relativo a la vida pesquera previa a la industrialización petrolera; se considera además que desde la perspectiva del interaccionismo simbólico (Blumer, 1938), los relatos orales no son meras narraciones, sino actos interactivos donde se negocian y reafirman los significados que dan forma a la identidad. La matriz epistémica refleja la complejidad moriniana y permite comprender cómo estos relatos integran elementos tradicionales y nuevos, reflejando la adaptación creativa de la comunidad a su entorno cambiante.

Se proyecta que las expresiones populares (música, décimas, artesanía, canto, danzas, gastronomía y poesía) reflejarán la dualidad de la comunidad: por un lado, valores tradicionales como la solidaridad de los pobladores en fechas puntuales como la bajada, paseo en lancha y procesión del patrón o patrona de la comunidad; el análisis de estas expresiones desde los bucles morinianos (González y Villegas, 2009) permitirá comprender cómo estas celebraciones mantienen su sentido profundo (la relación con el mar y la religiosidad) a pesar de los cambios que se han producido en el entorno comunitario. La memoria colectiva, en este sentido, actuaría como el principal determinante de la continuidad cultural, por otra parte, González y Osorio (2024) y Játem et al. (2020) ofrecen claves para interpretar estos fenómenos como expresiones de la complejidad contextualizada, donde la identidad se reafirma mediante la crítica al agente externo.

Un constructo teórico-operativo para la promoción cultural debe integrar coherentemente las dimensiones ontológicas, epistemológicas, sociológicas, filosóficas, teóricas y axiológicas. La fragmentación de estas dimensiones puede conducir a intervenciones descontextualizadas que no logran fortalecer la identidad ni la memoria colectiva.

La integración de estos hallazgos proyectados con la matriz epistémica y la ruta metodológica, permitirán configurar un constructo teórico-operativo que oriente la promoción cultural en comunidades venezolanas con arraigos culturales e históricos. Este constructo deberá:

-          Partir de diagnósticos etnográficos que revelen la complejidad local.

-          Reconocer el carácter activo y creativo de los sujetos culturales.

-          Considerar tanto las tradiciones heredadas como los procesos emergentes.

-          Articularse con el marco legal venezolano (CRBV, leyes de patrimonio).

-          Promover procesos participativos de valoración y fortalecimiento de la identidad.

La generación de nuevas manifestaciones y tradiciones culturales no debe ser vista como una amenaza a la identidad, sino como expresión de su vitalidad. El desafío de la promoción cultural no es congelar las tradiciones, sino acompañar procesos dinámicos de recreación cultural que mantengan viva la memoria colectiva mientras responden a las condiciones contemporáneas.

MÉTODOS

La presente investigación se sustenta en un enfoque cualitativo de tipo documental con alcance analítico-propositivo, donde el investigador trasciende la descripción para generar soluciones o marcos teóricos (Martínez M., 2015). El paradigma que orienta el estudio es el interpretativo-hermenéutico, ya que se busca comprender y articular categorías conceptuales para proponer un modelo integrador.

En una investigación cualitativa, la unidad de análisis no es una variable aislada, es el estudio de un todo integrado, se refiere al dinamismo, funcionamiento y significado que emerge de la interacción entre las partes, constituyendo y organizando un contexto que busca ser comprendido en su totalidad (Martínez, M., 2015).

Dado que la presente investigación es de carácter cualitativo con enfoque hermenéutico-documental y un nivel descriptivo y propositivo, la unidad de análisis está constituida por fuentes documentales primarias y secundarias, incluyendo obras teóricas fundamentales sobre el paradigma de la complejidad, el interaccionismo simbólico, la etnografía, el folklore, el patrimonio y la identidad, así como instrumentos legales nacionales (CRBV, leyes de patrimonio) y lineamientos internacionales (UNESCO). La población documental comprende el conjunto de producciones académicas y normativas en estas áreas. Para la selección de la muestra, se utilizó un criterio intencional, priorizando las obras fundacionales de los autores referentes en cada dimensión (Morín, Blumer, Goetz y LeCompte, Aretz, Molano) y la normativa vigente en el contexto venezolano.

La técnica principal fue el análisis documental de fuentes primarias y secundarias. Se revisaron obras fundamentales de los autores referidos en la matriz: Morín (1998, 2001) para el paradigma de la complejidad; Blumer (1938) para el interaccionismo simbólico; Goetz y LeCompte (1988) para el enfoque etnográfico; Aretz (1980) para folklore; Spennemann (2023), Wasela (2023) y Worku (2023) para patrimonio; Molano (2007) para identidad; así como desarrollos contemporáneos como González (2023) y Játem et al. (2020). Adicionalmente, se revisaron instrumentos legales: Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999), Plan de la Patria (2019-2025), Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural (1993), Ley de Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial (2021), Ley Orgánica del Trabajo (2014), y lineamientos de la OMT y UNESCO.

Como instrumento de análisis, se diseñó una matriz epistémica que permitió establecer relaciones entre las diferentes dimensiones y categorías, identificando puntos de convergencia y articulación para la futura construcción del constructo teórico-operativo.

Resultado

4.1. Resultados del análisis documental

4.1.1. La complejidad como fundamento de la dinámica cultural

El análisis de los fundamentos teóricos permitió reconocer que las manifestaciones y tradiciones culturales constituyen expresiones dinámicas que se configuran mediante relaciones entre los individuos, el entorno y los conocimientos transmitidos socialmente, perspectiva que encuentra correspondencia con la concepción de patrimonio cultural inmaterial establecida por la UNESCO, donde se reconoce que las prácticas culturales son recreadas continuamente por las comunidades en función de su historia y sus condiciones de vida, lo que permite interpretar la permanencia de las tradiciones como un proceso de continuidad y transformación, antes que como la conservación inalterable de expresiones heredadas.

Desde esta perspectiva, la articulación del paradigma de la complejidad con el constructo teórico-operativo permite identificar tres componentes esenciales: la interacción entre sujetos y entorno, la transformación histórica de las manifestaciones y la generación de nuevos significados culturales, elementos que ofrecen una explicación integradora de los procesos comunitarios y permiten fundamentar estrategias de promoción cultural capaces de reconocer las particularidades territoriales, la memoria colectiva y las transformaciones sociales.

4.1.2. Participación comunitaria y construcción de significados

La revisión de investigaciones relacionadas con el patrimonio cultural inmaterial permitió identificar la participación comunitaria como una condición fundamental para comprender la continuidad de las manifestaciones tradicionales, considerando que las comunidades intervienen activamente en la interpretación, valoración y transmisión de sus expresiones culturales, hallazgo respaldado por una investigación sobre la Festa do Boi en Galicia, España, donde se examinó la relación entre patrimonio inmaterial, cohesión comunitaria, autenticidad y experiencias emocionales, destacando la importancia de incorporar la perspectiva de los habitantes en los procesos de salvaguardia cultural.

Este resultado fortalece la incorporación del interaccionismo simbólico como dimensión sociológica del constructo, debido a que permite comprender las tradiciones como prácticas cuyos significados se producen y transforman mediante las relaciones sociales, por lo que la promoción cultural requiere mecanismos de participación que reconozcan las experiencias de los cultores, las interpretaciones de los habitantes y las formas mediante las cuales las comunidades atribuyen valor a sus manifestaciones.

4.1.3. Transmisión intergeneracional e identidad cultural

La transmisión intergeneracional se identificó como una categoría central para comprender la permanencia del patrimonio cultural, considerando que los conocimientos, las prácticas y las expresiones tradicionales adquieren continuidad mediante procesos de aprendizaje social que vinculan a diferentes generaciones, aspecto que coincide con una revisión sistemática publicada en 2026 sobre patrimonio inmaterial y construcción de identidades en el ámbito educativo, donde se examina la relación entre el patrimonio vivo y la formación de identidades colectivas, destacando la relevancia de los procesos educativos formales y no formales.

La integración de esta categoría en el constructo permite establecer que la promoción de manifestaciones y tradiciones culturales debe contemplar espacios de encuentro entre portadores de conocimientos tradicionales y nuevas generaciones, mediante actividades de formación, documentación participativa y experiencias comunitarias que favorezcan la apropiación cultural, sin reducir la transmisión a la reproducción mecánica de prácticas heredadas.

4.1.4. Participación y tecnologías para la salvaguardia cultural

El análisis de investigaciones contemporáneas permitió reconocer que los recursos digitales ofrecen posibilidades para documentar, difundir y facilitar el acceso a las manifestaciones culturales, aunque su contribución depende de la participación efectiva de las comunidades, aspecto evidenciado por Tan et al. (2026), quienes sintetizaron 79 estudios publicados entre 2010 y 2025 e identificaron la necesidad de articular las herramientas tecnológicas con procesos de colaboración comunitaria, advirtiendo sobre las limitaciones de las iniciativas centradas exclusivamente en la digitalización del patrimonio.

Este hallazgo permite incorporar al nivel operativo del constructo estrategias relacionadas con archivos digitales comunitarios, registros audiovisuales, documentación de relatos orales y difusión cultural participativa, considerando que estas acciones deben desarrollarse mediante acuerdos con los portadores del patrimonio y mecanismos de protección de sus conocimientos, derechos e intereses colectivos.

Discusión

Los resultados del análisis documental permiten interpretar que la promoción de manifestaciones y tradiciones culturales requiere una perspectiva integral que reconozca las transformaciones sociales y la participación de las comunidades en la construcción de su patrimonio, planteamiento que coincide con Miao (2025), quien destaca que la autenticidad cultural y la innovación no constituyen procesos necesariamente opuestos, sino dimensiones que interactúan en la preservación de las expresiones tradicionales, mientras que Thirathamrongwee et al. (2026) resaltan la importancia de la gestión participativa del patrimonio inmaterial, lo que permite fundamentar un constructo teórico-operativo que articule la complejidad cultural, la identidad colectiva y las particularidades de cada contexto comunitario.

En relación con la dimensión sociológica, el análisis permitió reconocer que la interacción comunitaria y la transmisión intergeneracional constituyen elementos esenciales para fortalecer los significados culturales y el sentido de pertenencia, interpretación que guarda correspondencia con Thanapornsangsuth et al. (2025), quienes identificaron que la participación juvenil en comunidades de práctica favorece el reconocimiento de los conocimientos tradicionales y el aprendizaje colaborativo con sus portadores, mientras que Rubin et al. (2024) destacan la importancia de las experiencias intergeneracionales para fortalecer la identidad cultural, por lo que las estrategias de promoción deben incorporar espacios participativos donde los cultores y las nuevas generaciones compartan saberes, experiencias y manifestaciones tradicionales.

En tal sentido, la integración de las dimensiones ontológica, epistemológica, sociológica, filosófica, teórica y axiológica permitió establecer orientaciones para estructurar un constructo teórico-operativo fundamentado en la comprensión contextual y la participación comunitaria, perspectiva que coincide con Tan et al. (2026), quienes evidencian mediante una revisión de 79 estudios que la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial requiere articular las tecnologías digitales con la intervención activa de las comunidades, mientras que Wei et al. (2026) identifican oportunidades de documentación, educación e innovación cultural mediante herramientas tecnológicas, lo que respalda la formulación de estrategias integradoras cuya pertinencia deberá comprobarse posteriormente mediante su aplicación en escenarios comunitarios específicos.

Conclusiones

El análisis documental permitió establecer que la promoción de manifestaciones y tradiciones culturales constituye un proceso dinámico y multidimensional que requiere comprender las relaciones entre los individuos, el entorno y los conocimientos construidos colectivamente, considerando que las expresiones culturales experimentan transformaciones vinculadas con los cambios sociales, históricos y territoriales, por lo que su salvaguardia debe fundamentarse en una perspectiva integradora que reconozca tanto la continuidad de las tradiciones como su capacidad de adaptación, favoreciendo el fortalecimiento de la identidad cultural y la preservación de la memoria colectiva.

La investigación permitió reconocer que la participación comunitaria, la interacción simbólica y la transmisión intergeneracional representan componentes fundamentales para la valoración y continuidad de las manifestaciones culturales, debido a que los significados asociados con las tradiciones se construyen y reconstruyen mediante las experiencias compartidas entre los habitantes, lo que evidencia la necesidad de incorporar a los cultores, líderes comunitarios y nuevas generaciones en los procesos de promoción cultural, mediante estrategias participativas que fortalezcan el sentido de pertenencia, el intercambio de conocimientos y el reconocimiento de las particularidades socioculturales de cada comunidad.

La articulación de las dimensiones ontológica, epistemológica, sociológica, filosófica, teórica y axiológica permitió fundamentar un constructo teórico-operativo orientado a la promoción de manifestaciones y tradiciones culturales desde una perspectiva integral, participativa y contextualizada, mediante la incorporación de estrategias de diagnóstico etnográfico, formación comunitaria, documentación patrimonial y difusión cultural, cuya aplicación podría contribuir al fortalecimiento de los procesos de salvaguardia y revitalización de las expresiones tradicionales, aunque su pertinencia y efectividad deberán comprobarse mediante futuras investigaciones desarrolladas directamente en los escenarios comunitarios.

Referencias

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